La Autoestima: un visado hacia el éxito

El nivel de tu Autoestima puede ser un visado hacia tu éxito personal o un sello hacia la derrota más absoluta de tus sueños

¿Qué se entiende por Autoestima?

Me gusta empezar los talleres que imparto sobre este interesante tema, la Autoestima, con una pregunta inesperada a los asistentes. Éstos no se cuestionan realmente la pregunta y sus respuestas salen de sus bocas inmediatamente, apenas sin pensarlo.

¿Quién es la persona más importante de tu vida? La mayoría pregunta si pueden ser más de una las personas más importantes de su vida. Piensan en sus hijos, su pareja, sus padres… Es fácil olvidarse de uno mismo cuando defines a otros como las personas más importantes de tu vida. Es fácil olvidarse de que si no existieras tú, no existiría la relación que tienes con los demás.

Si tú no existieras, ¿tu pareja seguiría siendo tu pareja, tus hijos seguirían siendo tus hijos o tus padres seguirían siendo tus padres?

Y me gusta continuar con esta viñeta de Mafalda antes de entrar a explicar de qué va este tema.

Autoestima
¿Qué haría yo sin mí?

La Autoestima no es sino el sentimiento de valía personal, que resulta fundamental para disfrutar de la vida.

Es la forma en la que te valoras a ti mismo y a lo que eres capaz de hacer. Refleja el sentimiento de satisfacción o insatisfacción que se deriva de dicha valoración. La autoestima es positiva cuando te adaptas con éxito a las dificultades de la vida cotidiana. Sin embargo, es negativa cuando te sientes incapaz de hacer frente a los problemas diarios.

¿De qué depende tu Autoestima?

Esta valoración positiva o negativa que uno hace de sí mismo va en función de los pensamientos, sentimientos y experiencias propias.  Está relacionada con la autoimagen, el concepto que tienes de ti mismo. Y con la autoaceptación, el reconocimiento propio de tus fortalezas y debilidades.

Dependiendo de cómo te valores, tus proyectos acabarán en éxito o fracaso. Si no estás seguro de lo que quieres, cómo y cuándo lo quieres, puede que los contratiempos de la vida te hagan más daño que a alguien que sea muy seguro de sí mismo.



Nathaniel Branden, un experto en el campo de la psicología de la Autoestima, escribió extensamente sobre el tema. Según Branden (1995), la Autoestima contiene dos componentes principales

            • La auto-eficacia.  La confianza en tu capacidad para hacer frente a los desafíos de la vida.

            • El respeto. Creer que eres merecedor de la felicidad, el logro y el amor.

Así que, si tienes una sana autoestima, confías en tus habilidades y sientes que mereces la felicidad.

La Autoestima va ligada al desarrollo de tu personalidad. Como consecuencia, también al modo en que te relacionas contigo mismo y con tu entorno. Esta forma está influida en muchas ocasiones por agentes externos y puede cambiar a lo largo del tiempo. El refuerzo positivo o negativo en tu infancia ha podido ser fundamental para tu seguridad emocional en el futuro.

Cuando se trata de alcanzar el éxito, tu autoconcepto, el modo en que te percibes a ti mismo, juega un papel crucial. Éste es el juicio que emites sobre tu persona.

¿Cuál es el concepto que tienes de ti mismo? ¿De qué manera te juzgas? ¿Cuáles son los pensamientos que tienes cuando no logras algún objetivo? ¿Cómo te hablas?

Te invito a ver el siguiente vídeo pinchando el enlace a continuación:

Amarse a uno mismo es la clave para darle a nuestra IMAGEN su verdadero valor

Tratamos de que nuestra vida se parezca el máximo posible a lo que entendemos por felicidad o éxito.  Quizá para ti, tener un vehículo, una casa, una familia (un grupo en el cual amar y ser amado) es lo más parecido al concepto de felicidad más generalizado. O quizá, lo sería convertirte en una persona extraordinaria de los pies a la cabeza y dirigir tus esfuerzos a vibrar en esta armonía. Cada cual define su propio concepto de éxito.

Sin embargo, cuando identificas tu valía con elementos externos a ti y, por las vueltas de la vida, te sientes desprovisto de estos elementos sobre los que basas tu felicidad, tu vida recibe una impresionante sacudida y, generalmente, tu imagen y tu autoestima también.

La búsqueda constante de nuestra autorrealización es quizá el principal motor para llevar a cabo desde nuestros sueños más ambiciosos hasta actividades diarias que podríamos considerar de poca importancia pero que, seguramente, no haríamos si no representaran una satisfacción.

Como propone Thoreau, “si uno avanza confiadamente en la dirección de sus sueños y deseos para llevar la vida que ha imaginado, se encontrará con un éxito inesperado”.

Es por eso que surge la siguiente pregunta.

¿En qué nivel está tu Autoestima?

Tu vida debe tener un claro propósito y para lograrlo has de estar en paz contigo mismo y tener una autoestima plena. Es posible lograr objetivos cuando te percibes con equilibrio y salud emocional.
En la Pirámide de Maslow, una gráfica cuyo nombre hace honor a Abraham Maslow  se representan una serie necesidades concretas que, en un orden piramidal, se organizan para explicar nuestras prioridades.

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    La Autoestima como uno de los cimientos de una vida plena

El psicólogo humanista norteamericano ordenó la necesidad de estima en el penúltimo escalón de la Pirámide o jerarquía de las necesidades humanas.  Esta necesidad se expresa como la necesidad de reconocimiento, confianza, respeto y éxito y se clasifican según el nivel de estima.

La estima alta relacionada con la necesidad del respeto propio, abarca aspectos como la autoconfianza, la necesidad de ser competentes, ser independientes, libres y alcanzar logros.
La estima baja se refiere al respeto que recibimos de las demás personas, el aprecio y consideración que nos tengan, la reputación, la gloria, el nivel de fama y el reconocimiento externo, e inclusive el dominio que podamos tener sobre determinada persona o grupo.

Cuando estas necesidades se ven mermadas surgen ideas de inferioridad y sentimientos de escasa valía personal o lo que conocemos como baja autoestima. Así como, al contrario, tenerlas satisfechas incrementa la valoración propia como seres individuales, capaces, en el terreno personal y profesional, miembros activos de la sociedad, lo cual permite que surja una nueva necesidad por satisfacer: la autorrealización, el último escalón de la pirámide de Maslow y la que podría ser tu próxima meta.

¿Te has preguntado si tienes la autoestima baja?

Una buena manera de saberlo es reconociendo estos aspectos:

  • Tienes una pobre impresión de ti mismo: sueles decir cosas como “No soy muy interesante”.
  • No estás seguro de tus opiniones y crees que no tienen valor.
  • Crees que eres poco atractivo, no importa que otros opinen lo contrario.
  • No asumes directamente el liderazgo de una tarea, sino que esperas estar por detrás de otro que según tú sí es capaz.
  • Te cuesta asumir riesgos y si algo sale mal te responsabilizas al punto de tildarte de culpable. No te perdonas los errores fácilmente.
  • Inseguridad acerca de quien eres, falta de confianza en ti mismo.
  • Inseguridad en el momento de establecer relaciones íntimas.
  • Esconder tus verdaderos sentimientos.
  • Inhabilidad de premiarte por tus logros, restándole importancia o desviando la responsabilidad del mismo hacia otros.
  • Inhabilidad de perdonarte a ti mismo y a los demás, presentando cierta inestabilidad emocional donde la culpa es la protagonista principal y la susceptibilidad su mayor expresión.
  • Miedo al cambio que genera incapacidad para afrontarlo aún cuando lo consideres necesario.
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    La baja autoestima te conduce a la derrota de tus sueños

     

Por el contrario, es posible que hayas manejado sentimientos de un tipo opuesto, propios de una autoestima alta:

  • No tienes miedo de expresar tus opiniones pues sabes que aunque pueden no ser las mejores ni las más acertadas, son tuyas y tienen valor.
  • Asumes los retos necesarios para alcanzar tus objetivos. Confías en tus fortalezas independientemente de los resultados.
  • Te integras a una comunidad o círculo social con confianza y seguridad en ti mismo.
  • Sabes reconocer tanto tus defectos como tus virtudes y no temes el juicio de los demás.
  • Te sientes seguro acerca de quién eres y lo muestras con una actitud de seguridad en ti mismo.
  • Te sientes seguro para establecer relaciones íntimas y sentirte cómodo con ellas.
  • Eres capaz de mostrar sus verdaderos sentimientos con convicción.
  • Reconoces tus propios logros y te sientes merecedor de ser feliz.
  • Tienes la habilidad de perdonarte y perdonar a los demás.
  • Le das la bienvenida a los cambios y te los planteas como un reto y una oportunidad.

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    La sana autoestima es un visado hacia tu éxito

¿En qué te ayuda tener una autoestima sana?

Toda persona necesita una autoestima fortalecida, robusta, sólida y en constante crecimiento, ajustada a la realidad, eso sí, porque el exceso de autoestima fundamentada en pilares inexistentes o carentes de realidad, lejos de ayudar, hacen crear una ilusión que luego puede generar ansiedad o fracaso. Y esto último, más bien tiene que ver con la baja autoestima.
Como persona has de estar enfocado en alcanzar tu propio éxito y la cúspide de la pirámide está coronada por la necesidad de Autorrealización. 
Ésta no es más que la necesidad humana más elevada, que se persigue una vez cubiertas todas las anteriores. Es la que viene a dar sentido a la vida a través del desarrollo de actividades estrechamente relacionadas con tus potencialidades, habilidades y destrezas, propias o adquiridas con el paso del tiempo y a través de la mejora continua, personal y profesional.

Realizarte es ser lo que eres capaz de ser, nadando a favor de la corriente, no en contra de ella.

Esta necesidad, a la que puedes aspirar, se refleja en la máxima expresión de libertad: el libre desarrollo de tus habilidades, de tus gustos e intereses y el desempeño de la creatividad y la espontaneidad, sin temores.
Cabe destacar que en cada persona las necesidades son diferentes. Éstas son dadas por el entorno, la cultura y las características particulares de cada uno pero en términos generales son un elemento fundamental para mantener una autoestima elevada, sólida y en constante evolución, lo cual indiscutiblemente, constituye un visado hacia el éxito.

El desarrollo de tu Autoestima aumenta tu capacidad de ser feliz

Como ya has podido entender, la Autoestima, está representada por la confianza en ti mismo y en tus habilidades, el autorespeto, la autoaceptación, el reconocimiento propio y el éxito moral.

Vista así, la autoestima cobra una forma mucho más clara y con mucho más sentido para tu vida.

Hay un mundo afuera de puertas abiertas solo para aquellos que van en busca de sus verdaderos logros y tu autoestima es el verdadero visado hacia ese lugar soñado.

¿Qué valor te das? ¿De qué depende tu valía? ¿Cómo está actualmente el nivel de tu estima? ¿Qué o quién la define?

Me encantara leer tus comentarios. Al compartir tu opinión, ganamos todos.

¡Es un placer contar contigo en este espacio!

Poner al día tu Autoestima es necesario para seguir creciendo y darte cuenta de que eres la persona más importante de tu vida.

¿Quieres leer una parábola que te acercará aún más a la comprensión de este concepto?

¡Espero que la disfrutes!

EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO

El verdadero valor del anillo
La Autoestima, un tesoro digno, valioso y bello

 

Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
– Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro?

¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:
– ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte! Debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después… Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

– E… encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

– ¡Bien! -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda, dándoselo al muchacho.

– Toma el caballo que está allí afuera -agregó- y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió.

Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes.

Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado, más de cien personas, y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro!

Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.

– Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
– ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro.

Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?

Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
– Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
– ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.
– Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
– Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-.

Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

Y tú, ¿qué haces por la vida esperando que otros descubran tu verdadero valor?

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