El Equilibrio está en la Asertividad

La comunicación asertiva es el puente entre donde estás y donde quieres estar. La asertividad te puede abrir las puertas del cielo en tus relaciones con los demás.

Como asegura el escritor, orador motivacional y gran comunicador, Anthony Robbins, la forma en que nos comunicamos, con otros y con nosotros mismos, determina la calidad de nuestras vidas.

La forma en la que te comunicas viene determinada por patrones adquiridos en edades muy tempranas, la niñez. Cómo se relacionaban tus referentes adultos entre sí y contigo, cómo lograbas llamar la atención de tus seres queridos, cómo lograbas satisfacer tus necesidades y cómo aprendiste que, para conseguir amor, era necesario adoptar esa forma determinada de relacionarte con los demás.

Si fuiste obediente y, gracias a esa conducta, te premiaban es lógico pensar que integraras una conducta pasiva y sumisa para pertenecer en el grupo y ser digno de amor.

Si, por el contrario, llorando, peleando o gritando eras tomado en cuenta y lograbas tus objetivos, entonces tu conducta más predominante será la conducta agresiva ya que conseguías, así, que te hicieran caso.

En ambos casos, lo que nos puede mover es la necesidad de afecto, de amor, imprescindible para la supervivencia de un niño y que se nutre exclusivamente de una fuente externa, de su entorno más cercano.

Asertividad: Toma de contacto

La Asertividad es la conducta humana más deseada. Se necesita para tener relaciones sanas y honestas donde ser directo, claro y respetuoso mientras se interactúa con los demás es clave para sentar las bases de una conducta asertiva eficaz y necesaria.

Si has llegado a este post, es lógico asumir que buscas informarte acerca de en qué consiste la asertividad. Puede ser porque quieres aprender a mantener una comunicación asertiva o porque has oído hablar del concepto y deseas saber más. En cualquier caso, en este artículo te ayudaré a comprender mejor las formas generales de comunicación, y por qué la asertividad es el mejor método para relacionarte con quienes te rodean. Primero, vamos a hablar de los otros tipos de conducta.

Es necesario aclarar que, en tu interior, pueden convivir todos los tipos de conductas según el tipo de emociones que te dominen en cada momento y tu autocontrol. También según el entorno en el que se produzca la comunicación, si es de tu confianza o no.

Lo más importante, en cada caso, es identificar qué tipo de conducta predomina en ti y con qué personas, para poder cambiarlo y lograr una forma de comunicación más eficaz que permita que ambos se sientan ganadores.

La Agresividad: Coger lo que deseas y quemar lo que quede

Agresividad
Si tu corazón es un volcán, ¿cómo quieres que de flores?

A grandes rasgos, tener una conducta agresiva significa poner tus deseos por encima de cualquier otra cosa, sin preocuparte por los sentimientos o necesidades de otros. Te sientes superior a otros e intentas siempre imponer tus derechos sin tener en cuenta los derechos de los demás. Para quien utiliza esta conducta en su forma habitual de relación, solo existe un juego posible: yo gano, tú pierdes.

Piensa en lo que creían durante la Edad Media: la Tierra debía ser el centro del universo, con todo lo demás girando a su alrededor. ¿Por qué? Naturalmente, porque en la Tierra estábamos nosotros, y no podía existir nada más importante que nosotros.

Suena algo tonto dicho así, ¿verdad? Y sin embargo, aún hoy mucha gente se rige por ideas parecidas. No voy a mentir, en algún momento puedes encontrarte en una situación de ventaja sobre otra persona, de la misma manera que en otros te verás en desventaja. Esta dualidad, en función de qué aprendas de ella, puede ser positiva.

Apuesto a que más de una vez otro, a quien no parecía preocuparle tu opinión o lo que pudiera pasarte, tenía más autoridad que tú, por los motivos que fuera, para decidir acerca de algo que también te afectaba. Me alegraría mucho que me dijeras que ambos salisteis bien parados. Pero la realidad es que no siempre es así, en especial si no dispones de los correctos mecanismos asertivos para impulsar un entendimiento.

Cuando te veas en la situación anterior, piensa en cómo te sentiste cuando eras tú el que estaba en desventaja. ¿Había otra forma de hacer las cosas? ¿Podríais haber llegado a un acuerdo satisfactorio para los dos? ¿Hubieras preferido un trato más asertivo por parte de la otra persona? Si no sabes la respuesta, termina de leer este post y tus dudas quedarán despejadas.

Me respeto, no te respeto

Piensa en alguna ocasión en la que hayas dicho o hecho algo de forma abrupta y desagradable. Probablemente tu intención era salirte con la tuya, la imperiosa necesidad de tener razón. Quizá preferiste conseguir tu objetivo a toda costa para beneficiarte.

¿Cómo te hizo sentir después ese comportamiento? ¿Te hizo feliz demostrar tu soberanía sobre el otro?Puede ser que, en un primer momento, sí. Y también puede ser que, posteriormente, te sintieras culpable. Sea como fuere, en ese momento, mostraste un gran respeto por ti y un nulo respeto por tu contrincante. Y, sea como fuere, también, las consecuencias de dicho comportamiento perjudicaron a ambos. La relación no volvió a ser la misma, generándose en ambos sentimientos negativos como rencor, ira, miedo o desconfianza.

En lo que debes pensar no es en lo que puedes obtener en el momento, sino en cómo quieres que esto te afecte por el resto de tu vida. Es probable que hayas visto alguna película de Star Wars. ¿Qué personajes crees que encajan mejor con el perfil de conducta agresivo? Fíjate en el Imperio, o mejor todavía, el emperador. El villano que, despreciando a los demás y pensando solo en sí mismo, logra conquistar toda una galaxia. Pero fíjate también en qué se convierte, y en cómo termina su historia, destruido a causa de su propia crueldad.

Ser egoísta, al final, solo conduce a causar daño a todos, tanto al resto, como a uno mismo. Ninguna ganancia obtenida a costa de alguien logra prevalecer en el tiempo.

Aferrarse a la agresividad es como agarrar un carbón candente con la intención de arrojárselo a otra persona; el único que se quema eres tú mismo. (Buda)

La Pasividad: Qué sucede cuando te olvidas de ti

Pasividad: cuando te olvidas de ti
La pasividad es lo que embota los sentimientos

La conducta pasiva consiste en la omisión de lo que te importa en favor de lo que otros quieren. A menudo porque prefieres evitar un hipotético conflicto o, tal vez, porque te mueven sentimientos negativos hacia tu persona. Te sientes en un nivel inferior a otros siendo los derechos de éstos más importantes que los tuyos. Para quien utiliza esta conducta en su forma habitual de relación, el juego básico es: tú ganas, yo pierdo.

Teniendo en cuenta el punto anterior, seguramente hayas captado por donde voy. Quizá estés pensando en la importancia de tener en cuenta lo que el resto necesita, siente, o piensa. No hay duda de que los humanos somos, cada uno en su propia forma y medida, animales sociales, salvo por algunas excepciones con las que no creo que te apetezca pasar el rato, y mucho menos vivir.

Para satisfacer nuestro deseo de interactuar con otros, necesitamos aprender que ellos son igual de importantes que nosotros. Es ahí donde radica la cuestión: somos igual de importantes. Nadie está por encima de nadie, seas tú, sea un amigo, un familiar, tu pareja o alguien a quien te cruces por la calle. Todos tenemos pensamientos, emociones y expectativas propias. Por eso, de la misma forma que no puede salir nada bueno de ignorar los de las demás personas, tampoco lo hará dejar a un lado los nuestros.

Te respeto, no me respeto

Cuando hacemos uso de una conducta pasiva, no expresamos lo que algo nos hace sentir, o lo que opinamos sobre ello. Al hacerlo, desprecias quién y cómo eres. Puede que creas que así evitas una discusión, aunque no tiene por qué ser así.

Las discusiones, en el sentido amplio de la palabra, no son siempre malas. Quizás lo que temes que sería una discusión, pueda ser un diálogo gracias al uso correcto de la comunicación asertiva.

Otra posible razón serían emociones negativas que sintieras hacia ti. Tal vez creas que tu opinión no es importante, o que no merece ser escuchada. Es cierto que tienes que pensar e informarte para poder formarla bien. Eso mismo hace que tenga tanto valor como la de cualquiera.

La comunicación es una habilidad que puedes aprender. Es como montar en una bicicleta o teclear. Si estás dispuesto a trabajarlo, puedes mejorar rápidamente la calidad de cada parte de tu vida. (Brian Tracy)

La Asertividad: Alcanzando el equilibrio

El Equilibrio está en la Asertividad
El Equilibrio está en la Asertividad

Por fin llegamos al que es, en verdad, el epicentro de nuestra conversación. ¿Qué es la asertividad? Como habrás deducido, ser asertivo es situarte entre los otros tipos de conducta que hemos comentado. La comunicación asertiva es aquella que empleamos cuando defendemos nuestra opinión respetando la del otro. Se compone de una serie de técnicas, prácticamente ilimitadas y no demasiado estrictas. Estas nos permiten comunicar lo que sentimos así como entender lo que siente quien tenemos delante.

Te respeto, me respeto

Consiste en saber valorarte como individuo, y hacerte valer en tu trato con el resto. Al mismo tiempo, les haces valer también a ellos. Así, puedes defender tu postura sin necesidad de agresiones ni abusos. La asertividad es nuestra capacidad para hacer que los engranajes de la convivencia y la colaboración funcionen. Es conseguir un equilibrio en la comunicación con los demás, partiendo de una premisa ecuánime: yo gano-tú ganas.

Esta nueva forma de comunicación, mucho más equitativa y empática, es el mejor arma del que dispones en la resolución de los conflictos que te encuentres. La vida no está exenta de ellos.

Quizá estés pensando que no es tan sencillo y, si es así, admito que tienes razón. No es algo que puedas hacer de la noche a la mañana, salvo que en tu infancia ésta fuera la forma de comunicación predominante entre tus padres y familiares.

Lo que sí puedes hacer es ponerlo en práctica desde este mismo instante. Cuando hables con cualquier otra persona, asegúrate de tener presente qué estás sintiendo y pensando en ese momento. Te propongo hacer el esfuerzo, pequeño en comparación a sus beneficios, de intentar comprender lo que el otro siente y piensa.

No es suficiente saber lo que hay que decir; también hay que saber cómo decirlo. (Aristóteles)

En otros post profundizaremos acerca de las herramientas y métodos que te permitirán asegurar una comunicación asertiva plena y satisfactoria en cada aspecto de tus relaciones. No voy a engañarte diciendo que vayas a salvar el mundo. Son las pequeñas cosas, los pequeños cambios de conciencia personales y continuados, los que mejoran éste poco a poco.

Espero que éste y los siguientes posts puedan ayudarte a alcanzar dicho objetivo.

¿Cuánto de cada estilo comunicativo tienes tú? ¿En qué situaciones te muestras pasivo o agresivo? ¿Con qué personas utilizas la asertividad como forma de comunicación?

Me encantará leer tus comentarios. Cuando compartimos, ganamos todos. ¡Ya sabes, tú ganas, yo gano!

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